Un día 21 del mes de abril, el Sol se encontraba acostado durmiendo plácidamente y decidió no salir, pues estaba tan bien en su cama!!
Lo que el Sol no sabía era que su pereza acarrearía unas consecuencias catastróficas:
Los edificios que funcionaban con energía solar se quedaron sin suministro eléctrico. Las personas, llamadas por el móvil personal del temor, comenzaron a saquear tiendas y bares, fábricas y almacenes, colegios y hospitales con el objetivo de sobrevivir a un posible fin del mundo. Las plantas no podían producir oxígeno ya que si no les daba la luz solar sus células clorofílicas no podían llevar a cabo el proceso de fotosíntesis. Los girasoles acabaron con tortícolis porque no sabían donde tenían que mirar. Los mosquitos acabaron exhaustos porque seguían volando pensando que la noche no había acabado. Los animales de sangre fría buscaban calor y se dirigían hacia los volcanes para encontrarlo allí. Los animales de sangre caliente emigraban para buscar el día.
Cuando el Sol se levantó se encontró con todo el escándalo que se había armado por sus egoístas ganas de dormir, y decidió nunca jamás volver a ser perezoso.
Vivimos rodeados de palabras, la mayoría conocidas, algunas desconocidas o simplemente no tienen sentido. Detrás de cada palabra, aunque sea de las de este último grupo, existe una historia, un contexto, unos pensamientos que nos vienen a la mente al visualizarla. Cada persona tiene un contexto diferente. Cada contexto, a su vez engloba contextos diferentes. y así existen millones de historias que contar... Por desgracia yo sólo puedo aportar las mías...
lovely
viernes, 23 de marzo de 2012
martes, 29 de noviembre de 2011
Una pequeña historia de la memoria
¿Alguna vez has comenzado a dejar de pensar en una persona?, ¿Alguna vez has dejado de pensar en ella hasta conseguir el absoluto olvido en tu memoria?, ¿Has llegado alguna vez a eliminar de tu mente su completa existencia?.
Y, de repente, un día que piensas en otra cosa totalmente diferente, en algo recurrente dentro de tus pensamientos, esa persona vuelve a tu cabeza con total vividez, como si fuese ayer cuando la viste por última vez, recuerdas su voz, recuerdas su cara, su cuerpo, su ropa, su olor, sus gestos. Recuerdas absolutamente todo sobre ella.
Pasas el día sin darle mucha importancia, sólo los recuerdos influyen en ti sacándote alguna sonrisa por aquellos momentos que habías olvidado y, esa misma tarde, mientras vas camino de casa a un paso rápido pero prudente, levantas la mirada, prestas atención al ambiente que te envuelve, los árboles, las calles, los pájaros, los coches, las personas... ¡Las personas!¡Ella!, la persona que no recordabas hasta apenas 3 horas antes, la misma que te perseguía durante esas 3 horas en tus pensamientos y que no habías visto en lo que a ti te parecen milenios, está enfrente de ti.
La saludas, un saludo distante, no la conocías lo suficientemente bien como para pararte y hablar sobre ese tiempo que habéis estado sin veros, de no ser así no habría caído en el oscuro cajón del olvido. Ella te devuelve el saludo, seguís andando cada uno hacia vuestro destino y es en ese momento cuando tu alma entra en pánico, ¿Cómo es posible? ¿Por qué ahora?
Quizás sabías que la encontrarías, quizás sólo se trate de una casualidad, quizás el destino está realmente escrito y sabemos lo que vamos a vivir desde que nacemos, quizás no, quizás tus pensamientos hayan atraído a la otra persona a encontrarse contigo. Es en este tipo de situaciones cuando nos agarramos de nuevo a lo único que nos queda sólido: el oscuro cajón del olvido; olvidamos esa persona, esa situación, esa casualidad. Dejamos que el tiempo actúe con la firmeza que lo hace, vivimos.
jueves, 24 de noviembre de 2011
El tesoro en busca del pirata
Existió un tesoro que vivía en un mundo donde las monedas se peleaban por encontrar una mano pobre a la que ayudar, los billetes huían de las mansiones grandes para vivir en chabolas y los diamantes se encontraban mejor en el bolsillo de un pantalón descosido que a manos de un terrible banquero.
Cuenta la leyenda, que el tesoro era tan valiente que no tenía miedo a nada, ni siquiera a los horripilantes y avariciosos dedos de un político.
Aburrido de la vida rutinaria decidió emprender un viaje en busca del pirata perdido, sólo había oído hablar de ellos, eran el rumor más escuchado en boca de los tesoros, los piratas eran pobres y podían pasar mucho tiempo en un barco viviendo sin nada hasta que algún tesoro les conseguía encontrar.
Los rumores situaban al pirata perdido en el mar Piratio, el más peligroso y salvaje de los 84 mares.
Decidido y sin dudarlo, el tesoro valiente marchó con un barco hacia el peligroso mar. Pasaron los días y no ocurrió ningún problema, llegó al mar Piratio en tan sólo un mes y ningún altercado fue partícipe en el viaje, pero al llegar al bravo mar de leyendas varias, el tesoro comenzó a tener problemas Para atravesarlo tuvo que sortear peligros incesantes: venció a un ejército de ricos, mató a millones de banqueros y, ¡derroto a la mítica uña del senado!, su valentía le permitió seguir a salvo en su viaje.
Al llegar a la cueva donde supuestamente se encontraría el pirata, el tesoro sólo pudo encontrar un cubo con 7 huecos. Él nunca había visto un pirata y no sabía como podría ser, así que pensó que tal vez estaba dentro del cubo. Pero cuando su brillante mano hizo contacto con el misterioso cubo éste le absorbió creando un octavo hueco.
El tesoro se encontró de repente en un mundo completamente diferente: Las monedas corrían hacia las personas ricas, los billetes se escapaban de las casas pobres para vivir en mansiones y los diamantes sonreían bebiendo whisky y fumando puros en manos de los políticos.
martes, 1 de noviembre de 2011
Casio el reloj
Casio, el reloj, era un joven clásico que nunca iba ni retrasado ni adelantado, siempre a tiempo. con sus manecillas de color verde incandescente que facilitaban su vista a la noche y sus números escritos en color blanco sobre fondo negro, era uno de los relojes más atractivos del mundo de los relojes.
Casio contaba el tiempo durante todo el día todos los días del año, se le escuchaba contar en voz baja los segundos y minutos que llevaba trascurridos cada día. Por la mañana se levantaba siempre a la misma hora, desayunaba en el mismo intervalo de tiempo para así poder seguir una rutina que él mismo había fijado y seguía con estricta rigidez. Acudía al trabajo puntual como nadie, y si había un evento extra lo planeaba con sabiduría para que el tiempo no se le echase encima.
Siguió así durante muchos años hasta que un día, a Casio se le acabaron las pilas, y tubo que ir corriendo al hospital para que se las cambiasen. No le pasó nada grave, sin embargo sus manillas estuvieron paradas durante varios minutos. Casio no podía contar el tiempo, porque sabía que no era correcta la hora que indicaba.
Salió del hospital corriendo buscando alguien con quien sincronizar la hora exacta, pero cada reloj apuntaba unos minutos de diferencia. Estaba tan confuso que no pudo planear nada, solo corrió en busca de algo que le guiase. Sin darse cuenta se adentró en un bosque y no pudo salir de allí.
- Si mi amiga brújula estuviese aquí... - Pensó.
Pero no estaba, y su mente no hacía más que dar vueltas, pensaba en segundos y minutos equivocados, su planificada y elaborada vida se había ido al traste. Y para colmo estaba perdido en un bosque.
Siguió corriendo hasta que su correa se quedó enganchada en algo, cuando volvió la vista, un reloj viejo y desaliñado le estaba sujetando. llevaba una capucha que impedía ver su marca y la hora que apuntaban sus manillas.
El misterioso reloj pregunto:
- ¿Qué te ocurre joven Casio?
- Ando perdido en el tiempo... mis pilas se agotaron y no se qué hora es, por favor ayúdeme... por cierto.. ¿Quién es usted?
- Soy un viejo Lotus, - Respondió sin elevar mucho la voz- tus manillas del reloj indican un tiempo que no existe.
- ¿ A qué se refiere? - preguntó con aire interesado Casio.
- En ocasiones los minutos parecen horas, las horas parecen minutos y eso es lo bonito del tiempo. Puedes andar perdido en él y será entonces cuando descubras su verdadero secreto.
Aquellas palabras dejaron a Casio sin aliento. Nunca pudo imaginar que el tiempo fuese algo tan relativo, tan moldeable, pero aquello que el viejo decía era verdad, en ocasiones, cuando Casio esperaba a alguien los minutos parecían eternos, y, sin embargo si estaba pasando un buen rato las horas parecían ir tan rápido como las milésimas de segundo que se encontraban en la parte derecha de la pantalla de su amigo cronómetro.
Seguidamente el anciano desveló su rostro y sus manecillas se encontraban paradas, miró a Casio a la marcas directamente y le dijo:
- Llevo así años, Siglos quizás y puedo asegurar y aseguro que he tenido una vida Feliz e interesante, el tiempo se encuentra en el corazón, en el alma.
..........
Casio despertó en el hospital, todo había sido un sueño mientras le cambiaban las pilas, pero aunque sólo fue un sueño, Casio cambió su estilo de vida, se volvió un reloj más sociable, más feliz, vivía en el momento, cumplía con todos sus deberes y obligaciones como siempre pero si un día se terciaba el asunto, sólo debía tomar la opción que le hiciese más feliz, sin pensar en el tiempo, sin planes, libre.
Sol y Luna
Hace muchos trillones de años, existió una chica llamada Luna, ella tenía la cara enfermiza y paliducha, vestía de negro y siempre se ocultaba ante el público, tenía miedo a las multitudes y se mordía las uñas hasta hacerse verdaderos cráteres en sus dedos.
Luna se enamoró de un chico que jugaba al baseball, fornido, sociable y lleno de energía. Pero ella jamás se acercaba a él porque era demasiado tímida y él estaba rodeado de las mujeres más guapas, las estrellas de Oclahoma. Eran las animadoras del equipo en el que él jugaba y todas tenían un tipazo que Luna (y cualquier otra chica) envidiaba.
Cuando llegó el fin de curso, y con el fin de curso el baile de fin de curso, y con el baile de fin de curso la búsqueda incesante de parejas para el baile de fin de curso, Luna no fue capaz de encontrar una pareja que la acompañase en esa noche tan especial, sin embargo, Sol (el chico fornido) apareció en su casa con un ramo de flores y le pidió ser su pareja. Fue tal la sorpresa que se llevó Luna que se desmayó y su cabeza chocó contra el suelo.
Cuando despertó, se encontraba en el hospital con Sol, que le dijo que quería ser su novio, que siempre había estado enamorado de ella, que las estrellas de Oclahoma le parecían patéticas, que siempre se fijaba en ella en la clase de matemáticas y que le gustaba su forma de ocultarse y aparecer.
Tras este suceso, ambos estudiaron en la universidad juntos, al acabar los estudios vivieron los dos en una casita en el centro de la ciudad, se casaron y tuvieron una niña, Tierra.
Pero tras varios años más de convivencia, algo salió mal, Luna se volvió aún más siniestra, hasta el punto de no salir de casa, no aguantaba relaciones ni con sus propios padres. A su vez, Sol se volvió adicto al deporte, sólo se dedicaba a esculpir cada músculo de su cuerpo como si de un escultor del renacimiento se tratase. La niña crecía y el ambiente no era el adecuado para ella así que Sol y Luna tomaron la decisión de divorciarse.
Todo fue mucho mejor, Sol seguía haciendo deporte sin necesidad de cuidar de Luna y sus rarezas, y Luna se fue a vivir a una casa apartada de la sociedad, al otro extremo del mundo. Tierra creció bien, veía a sus padres por turnos, un mes con Sol y otro mes con Luna y sólo muy de vez en cuando se juntaban los tres para conversar sobre su vida, momentos que Tierra llamó eclipses.
Luna se enamoró de un chico que jugaba al baseball, fornido, sociable y lleno de energía. Pero ella jamás se acercaba a él porque era demasiado tímida y él estaba rodeado de las mujeres más guapas, las estrellas de Oclahoma. Eran las animadoras del equipo en el que él jugaba y todas tenían un tipazo que Luna (y cualquier otra chica) envidiaba.
Cuando llegó el fin de curso, y con el fin de curso el baile de fin de curso, y con el baile de fin de curso la búsqueda incesante de parejas para el baile de fin de curso, Luna no fue capaz de encontrar una pareja que la acompañase en esa noche tan especial, sin embargo, Sol (el chico fornido) apareció en su casa con un ramo de flores y le pidió ser su pareja. Fue tal la sorpresa que se llevó Luna que se desmayó y su cabeza chocó contra el suelo.
Cuando despertó, se encontraba en el hospital con Sol, que le dijo que quería ser su novio, que siempre había estado enamorado de ella, que las estrellas de Oclahoma le parecían patéticas, que siempre se fijaba en ella en la clase de matemáticas y que le gustaba su forma de ocultarse y aparecer.
Tras este suceso, ambos estudiaron en la universidad juntos, al acabar los estudios vivieron los dos en una casita en el centro de la ciudad, se casaron y tuvieron una niña, Tierra.
Pero tras varios años más de convivencia, algo salió mal, Luna se volvió aún más siniestra, hasta el punto de no salir de casa, no aguantaba relaciones ni con sus propios padres. A su vez, Sol se volvió adicto al deporte, sólo se dedicaba a esculpir cada músculo de su cuerpo como si de un escultor del renacimiento se tratase. La niña crecía y el ambiente no era el adecuado para ella así que Sol y Luna tomaron la decisión de divorciarse.
Todo fue mucho mejor, Sol seguía haciendo deporte sin necesidad de cuidar de Luna y sus rarezas, y Luna se fue a vivir a una casa apartada de la sociedad, al otro extremo del mundo. Tierra creció bien, veía a sus padres por turnos, un mes con Sol y otro mes con Luna y sólo muy de vez en cuando se juntaban los tres para conversar sobre su vida, momentos que Tierra llamó eclipses.
sábado, 23 de abril de 2011
¿Cómo se hizo famoso Salicornio?
Existió hace varios años una planta con pinchos que estaba todo el día al sol del desierto del colorado en el norte de América.
La falta de agua y el insoportable calor que azotaba segundo tras segundo la planta causaron su muerte. De ella sólo quedó el esqueleto, que decidió emprender un viaje en busca de nuevas amistades y aventuras.
Salicornio (el esqueleto de la planta) comenzó su viaje y justo al comienzo encontró unos cuantos salicornios como él, les pregunto si querían formar parte de la aventura y todos aceptaron con una sonrisa en el tallo. Así Salicornio se hizo más grande y continuó su viaje. tras unos días deambulando sin rumbo llegó por fin a un pequeño pueblo de madera, donde unas personas muy raras vestían y andaban con las patas muy abiertas, algunos de ellos iban montados a caballo y otros no paraban de beber alcohol y dispararse con revólveres chillando ayyyayyyayyyy!!!!
Ante tal escena Salicornio se acercó para conocer un poco más esa cultura y preguntó a un hombre con una estrella en el pecho y un sombrero:
- Perdona, ¿Por qué hacéis esto?
El hombre contestó:
- Somos cowboys, y estamos rodando una película, ¿Te gustaría formar parte de ella como figurante?
Sin duda Salicornio estaba dispuesto a vivir todas las aventuras que pudiese y aceptó la propuesta.
Su tarea era sencilla, en una escena en la que los protagonistas estaban a punto de dispararse entre ellos debía cruzar por detrás como llevado por una ráfaga de aire.
Al parecer el resultado fue abrumador, a todos le encanto la colaboración de Salicornio. Todas las productoras de televisión llamaron a Salicornio para ofrecerle trabajos semejantes a los que él accedió sin dudar. Con el paso del tiempo el esqueleto de planta que podía haber fracasado era rico, podía hacer lo que le viniese en gana. tenía una mansión a su disposición y varios helicópteros.
Pero un día, dejaron de llamar. Las películas del oeste ya no se llevaban, los tiempos habían cambiado, y todo lo que tenía se le esfumó cómo el tiempo. Salicornio no sabía que hacer, sólo lloraba y lloraba, hasta que un día pensó en el principio, cuando partió del desierto sin nada.... era feliz. Su felicidad fue disminuyendo cuanto más dinero tenía, cuanta más fama conseguía. Se dió cuenta que hacer cosas excitantes y conocer nuevas amistades le satisfacía más que las cosas materiales. Así decidió emprender un nuevo viaje hacia ninguna parte, buscando nada.
lunes, 4 de abril de 2011
Cuento para estudiantes
Debajo de la cama de Dani, estudiante universitario, vivía una simpática pelusilla.
La pelusilla siempre hablaba con Dani, le contaba cómo había ido el colegio, cómo había ido con sus compañeras pelusas de clase... Consiguieron hacerse muy amigos, Dani también le contaba las cosas que tenía que estudiar y las relaciones con sus compañeros y compañeras.
Un día, la pelusa empezó a chillar, Dani corrió raudo hasta llegar a su cama, cuando echó un vistazo a lo que había abajo se dio cuenta de lo que pasaba. La pelusa era tan grande que se había dado un golpe en la cabeza, ya no cabía plantada en el hueco de bajo de la cama.
Para solucionar esto, Dani decidió ponerla en el armario del pasillo, que no tenía uso alguno. allí la pelusa se encontraba estupendamente, había espacio de sobra.
Pero la pelusilla siguió creciendo, pasó al instituto y cada día se hacía más grande. Un día la pelusilla volvió del instituto cabreada, porque su profesor pelusa le había regañado por llegar tarde. Se dirigió con aire despreocupado hacia el armario y cuando fue a entrar, ya no cabía por la puerta.
- Dani!!- Chilló cual gato al que le han pisado la cola. - Búscame un nuevo hogar, aquí no voy a poder vivir nunca más.
Dani, se llevaba demasiado bien con pelusa como para no hacerle caso, y le buscó un hueco en la entrada, de nuevo pelusilla volvía a estar en un lugar confortable.
Cada día, pelusa se hacía más y más grande, y cada día se hacía más quejica, llegó un momento en que sólo se dirigía a gritos hacia Dani, exigiendo todo cuanto pedía y contestando con insultos. Dani cada vez aguantaba menos.
La pelusa se hizo tan grande que Dani tubo transportarla al pasillo, y más tarde a la terraza. Y a su vez, se hizo más desagradable, la convivencia con ella era básicamente imposible, hasta que un día, Dani estaba tan harto que limpió.
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