Pablo nació como la mayoría de niños de una sociedad denominada desarrollada: en un hospital. Como mamá ya sabía que sería chico, le compró un fantástico pijama azul, le pintó la habitación también de azul y le regaló un balón de peluche, su primer juguete.
Pablo creció y paso de ser bebé a niño, y descubrió que le gustaba pintar y dibujar. Mamá estaba encantada por el talento de su hijo y un día le dijo:
- ¡Dibuja un árbol y una montaña!
Pablo pintó mientras mamá limpiaba y papá trabajaba. Al acabar el dibujo después de mucho tiempo repasando todos los detalles con los diferentes colores que había utilizado se lo enseño a papá, quien cansado tras un duro día de trabajo respondió con voz grave:
- ¡Hijo mio, que bonito!, pero los árboles son marrones de tronco, y sus hojas son verdes, ¡y el cielo es azul, no violeta!.
Pablo aprendió dos cosas ese día, su talento no era el dibujo y para que algo sea bonito debe ser fiel a la realidad.
Siguió creciendo y mamá le compraba juguetes con el dinero que a papá tanto tiempo le costaba conseguir. Pablo no entendió nunca por qué su madre puso pegas por lo grande que era una cocina de juguete que le gustaba, pero sin embargo le compró una tabla de herramientas aún más grande. Total, él estaba conforme con sus juguetes. Tenía la habitación llena de coches de todos los tamaños, colores y formas. Le encantaba fantasear con que eran naves y volaban para conseguir más velocidad. Hasta que un día su padre llegó con ojeras marcadas y le dijo con voz grave:
- ¡Hijo mio, qué coche más chulo!, pero los coches no van por el aire, van por la tierra y las carreteras, ¡No pueden volar!.
Pablo aprendió que cada objeto tiene su uso y de ninguna manera puede tener otra función.
El tiempo pasaba y Pablo alcanzó la pubertad, edad en la que todos sus amigos y su familia le decían en ocasiones incluso con recochineo: "¿Y la novia, dónde te la has dejado?", "¿Qué chica te gusta Pablito?", "¿Tienes novia ya?"....
Hasta ahora Pablo no había pensado en la posibilidad de tener una novia, pero la insistencia de su familia y amigos le obligó a replantearse su vida y encontrar una buena chica. Y la encontró. No era perfecta ni mucho menos, ni siquiera se asemejaba al modelo de chica que a él le gustaban, pero era muy buena, una muy buena chica para toda la vida.
Llegó el momento de trabajar, Pablo, siguiendo el ejemplo de papá, encontraría un trabajo bueno para siempre. Y lo encontró. No era el trabajo de su vida, tampoco le disgustaba pero no era lo que él soñaba de pequeño, al fin y al cabo lo importante era conseguir un dinero para llegar a fin de mes y poder costearse algún capricho.
Pablo se hizo mayor, se casó y tuvo hijos casi sin darse cuenta, y, pese a que veía a sus hijos poco porque se pasaba mucho tiempo en el trabajo, cuando llegaba cansado de trabajar sus hijos le enseñaban sus dibujos y él les decía:
- ¡Hijos míos, qué bonitos dibujos!, pero el sol es de color amarillo, no verde. Y las vacas no tienen esos cuernos, ¡Eso son los toros!.
Vivimos rodeados de palabras, la mayoría conocidas, algunas desconocidas o simplemente no tienen sentido. Detrás de cada palabra, aunque sea de las de este último grupo, existe una historia, un contexto, unos pensamientos que nos vienen a la mente al visualizarla. Cada persona tiene un contexto diferente. Cada contexto, a su vez engloba contextos diferentes. y así existen millones de historias que contar... Por desgracia yo sólo puedo aportar las mías...
lovely
lunes, 4 de marzo de 2013
jueves, 8 de noviembre de 2012
Concurso de mágia
Onan esperaba sentado frente a la gran maquinaria mágica que
le llevaría al éxito del concurso de magia bianual de Septiembre que se
realizaba en las colinas del Este de la ciudad. Había fabricado durante meses
una máquina mágica de clonación automática. Con ella no se necesitarían células
para clonar, sólo la intención mágica de hacerlo.
La mayoría de los concursantes eran expertos magos de barba
blanca con túnicas de escuela privada y gorros de nivel superior a 80. Por el
contrario, Onan era joven, inexperto y jamás había ganado un premio.
La máquina dejó de sonar, una silueta parecía distinguirse
entre la neblina formada por el humo expulsado por la máquina. La silueta
comenzó a desplazarse en dirección hacia Onan y la neblina iba desapareciendo,
así Onan consiguió distinguir que el Clon había sido todo un éxito.
- Probablemente estés confundido... - Explicó Onan - ... y un poco alterado, te lo
explicaré todo: Tu nombre es Conan, eres un clon de mí, compartes mi ADN al
completo, ni un gen más ni uno menos. Te voy a presentar a un concurso que
vamos a ganar, y trabajarás conmigo para ayudarme en mis tareas mágicas del
hogar.
Onan, confundido, no respondió. Pero asintió con la cabeza
a todo. Al compartir toda la información genética, celular y cerebral, el Clon
pensaba que era el propio Onan, con lo que se llevó una decepción al observar
que él era el Clon.
Llegó el día del concurso, y Onan y Conan emprendieron el
largo camino, hablando sobre nuevas teorías y modelos de la magia.
Al llegar, examinaron en el papel mágico de la entrada cuál
era su posición para exponer el experimento y observaron que estaban en segundo
lugar. Las listas se hacían al azar mágico, con lo que no suponía nada exponer
en el segundo puesto. Los dos se alegraron del puesto que tenían.
Afa, la líder maga del concurso, dio paso a la presentación
del mismo, y sin más dilación nombró al primer concursante para que expusiera
su descubrimiento mágico. El concursante era un viejo destartalado con sombrero
de nivel 2, que presentaba un paraguas invertido mágicamente, con lo que se
conseguía despejar el cielo en todo lo que ocupaba el paraguas hacia arriba,
pero de paraguas hacia abajo seguía lloviendo.
- Esto está ganado Conan. - Dijo Onan deseando que Afa les
abriera paso para exponer.
Cuando Onan y Conan expusieron el trabajo conjuntamente se escucharon alaridos de asombro y estremecimientos de duda, que acabaron en un estruendoso aplauso mágico final, prueba del éxito que habían tenido.
Cuando Onan y Conan expusieron el trabajo conjuntamente se escucharon alaridos de asombro y estremecimientos de duda, que acabaron en un estruendoso aplauso mágico final, prueba del éxito que habían tenido.
El siguiente concursante había logrado reunir mágicamente
los 9 huevos mágicos de la Gallina Turuleta pero no había conseguido sacarle el décimo.
El concurso siguió adelante con todo tipo de artilugios,
descubrimientos, e invenciones. Y, tras 5 largas horas mágicas Afa concluyó
cual había sido el experimento ganador:
- Y el ganador de los 78 millones de monedas mágicas ha
sido... ¡Onan y su máquina mágica automática de clonación!
Onan se alegró tanto que se puso a llorar pero cuando iba a
subir las escaleras se encontró con que Conan también estaba llorando y
subiendo las escaleras para recoger el premio.
- ¿Dónde vas tú? - Preguntaron al unísono. - ¡Yo soy
Onan! - Exclamaron de nuevo los dos a la vez.
Afa, con sus años de experiencia puso solución al asunto:
La solución más sencilla es que compitáis en un combate
mágico a muerte. Teniendo la máquina, con que uno de vosotros sobreviva se
podrá crear otro clon exactamente igual.
Lo que en un principio había sido un concurso científico,
acabó en un espectáculo sádico que se cobró la muerte del Clon Conan.
- Realizado el combate, el premio de los 78 millones de
monedas mágicas irá destinado a Berto, el inventor del paraguas mágico
invertido.
Onan, furioso y ansioso por el dictamen de Afa, exclamó
exaltado:
- ¡Si he ganado el combate! ¡He destruido el Clon que yo
mismo creé, merezco el premio!
Afa, representando a la mágica sabiduría, contestó:
- Ese es el problema Onan, nuestra Ciencia mágica sirve para
crear, no para destruir. Para ayudar, no para hacer sufrir. Has dado más
importancia al premio que a la vida que has creado y por ello no eres merecedor
del premio.
Onan llegó a su casa con 53 céntimos de moneda mágica y sin
ningún clon.
lunes, 7 de mayo de 2012
Amor a primera vista
Ella extendía su brazo hacia él. En su mano: una pistola. Su
dedo: en el gatillo.
- ¡Di que me quieres!
- ¡No te conozco de nada!
-¡Trabajo en tu misma fabrica!
Él intentó recordar la imagen de la chica que le estaba
amenazando desplazada al ambiente de trabajo. Pero la fábrica en la que ambos
trabajaban era muy grande y el número de empleados… incontable.
- Lo siento… somos muchos trabajando allí, no me he fijado
en ti…
- ¡Ése es el maldito problema Alex, ése es el puto
problema!, no dejo de mirarte, de fijarme en ti. He averiguado todo cuanto he
podido sobre ti, ¡Lo sé todo!.. sin embargo… Alex, tú… tú no me miras, tú no te
fijas en mí, ¡TÚ NO ME QUIERES! – una lágrima recorrió la mejilla de la chica,
y seguidamente un suspiro provocó un mar de lágrimas que corrían desde sus ojos
hasta su barbilla, donde se desprendían con melancolía cayendo en el abismo –
Necesito que me lo digas, necesito tu aprobación, o me harás disparar.
Silencio.
¡O ME HARÁS DISPARAR COÑO!
La ultima “o” se alargó en varias ráfagas de sonoridad
debido al eco que se producía en el almacén oscuro en el que se encontraban,
una única luz encendida se alzaba junto a la puerta, como queriendo dar la
oportunidad de salir de aquel infierno ya que grabado en el plástico rectangular
transparente que rodeaba la bombilla se podía distinguir perfectamente escrita
la palabra EXIT.
Ella acercó amenazante la pistola a la cabeza del chico, su
mano temblaba, y en su cara se podía leer una expresión hibrida de ira y pena. Su
labio superior también temblaba desplazándose en cada temblor un poco hacia la
izquierda.
Repentinamente el cañón de la pistola cambió de sentido,
ella se apuntó a sí misma y disparó.
El chico, mientras contemplaba el cadáver de aquella loca
pensaba que jamás podría olvidar aquellas escenas tan impactantes, que sufriría
pesadillas todas las noches con el incidente, que jamás volvería a ser la
persona que fue hasta ese momento.
Sin embargo, esa misma noche tras ser rescatado, el chico se
acostó en su cama de medio lado con las rodillas ligeramente flexionadas, apoyó
la cabeza en la almohada, presionó la parte inferior del interruptor colocado
junto a su cabeza y se durmió.
La mañana siguiente transcurrió como todas. El chico se hizo
un zumo de naranja para desayunar, se marchó al trabajo y lo realizó
correctamente, como de costumbre. En la empresa parecía que nadie echaba en falta una empleada.
El chico no había olvidado el suceso, de hecho sabía que lo
ocurrido en aquel almacén había sido real, apareció en el noticiario nacional.
Sin embargo no sentía ninguna emoción negativa al respecto.
Sorprendido por sí mismo acudió al lugar del suicidio,
rodeado por bandas de la policía pero desierto en aquel momento. Al acercarse
al lugar exacto donde el cadáver de aquella loca yacía apoyado angelicalmente
sobre una sábana extendida de sangre ya seca comenzó a llorar.
No lloraba por miedo, no lloraba por rabia, no lloraba por
haber visto esas imágenes ni por la experiencia vivida. Lloraba porque acababa
de darse cuenta que se había enamorado de aquella chica. Mientras ella le había
estado apuntando con el arma él experimentaba sensaciones extrañas en su
cuerpo, no era miedo sino amor. Y podían haberse amado mutuamente si él se lo
hubiera dicho a tiempo.
El cuerpo del chico apareció colgado por el cuello de una cuerda
atada a una viga, justo encima de donde ella murió.
La llave del corazón
Había una vez un niño que siempre estaba
cuidando de su corazón que tenía protegido bajo llave. No dejaba la llave a nadie.
Sólo la dejó una vez a sus padres, y porque fue una urgencia que no voy a
contar. Con el tiempo, el chico conoció a una chica que era guapísima y muy
simpática. El primer día, nada más conocerse, él le contó su historia del
corazón. Le dijo:
-¿Sabes?, yo tengo un corazón cerrado con una
llave que la guardo muy bien y nunca la dejo a nadie.
La niña le preguntó:
El niño se rió imaginándose la escena, luego se
puso serio y le explicó a la chica:
-Nunca lo he abierto. Una vez dejé a mis padres la llave pero no hizo falta abrirlo.
La niña le pidió la llave y el chico, sin saber bien por qué, se la dio. Sí, esa misma llave que tantos años había estado guardando. La niña introdujo la llave en el corazón del chico, giró 360º hacia la derecha y se abrió... No sucedió nada, por tanto, la chica preguntó:
-¿Qué ha pasado?
-Nunca lo he abierto. Una vez dejé a mis padres la llave pero no hizo falta abrirlo.
La niña le pidió la llave y el chico, sin saber bien por qué, se la dio. Sí, esa misma llave que tantos años había estado guardando. La niña introdujo la llave en el corazón del chico, giró 360º hacia la derecha y se abrió... No sucedió nada, por tanto, la chica preguntó:
-¿Qué ha pasado?
El niño respondió temblando:
-Me acabo de enamorar.
viernes, 23 de marzo de 2012
Trébol de 4 hojas, el origen
La leyenda cuenta que existe un trébol de cuatro hojas capaz de otorgar a su portador suerte por toda la vida.
Yo puedo verificar que el trébol existe, lo conocí hace un par de años, subí al tren regional que cojo regularmente para desplazarme desde Villena hasta Valencia ( Estación del Norte) y lo ví en el primer asiento pegado a la puerta. el Típico asiento en el que uno se sienta porque no hay más espacio en el tren, y, en efecto, el tren iba lleno, así que no tuve más remedio que colocarme en el asiento de al lado del trébol, algo que, como podéis comprender me desconcertaba bastante porque tenía cuatro hojas y además, ERA UN TRÉBOL!!
Al principio, como en toda relación de compañeros de viaje desconocidos, las frases que se dicen suelen ser referentes al tiempo, con muchos latiguillos del tipo "pues nada...", "bueno..", pero al final, sin recordar exactamente cómo, acabamos hablando sobre el pasado del trébol de cuatro hojas:
En mi familia éramos 4 hermanos, yo el tercero. Por supuesto, todos tenían sólo 3 hojas, como todos. Como puedes imaginar la genética y la evolución nos llevan a tener comportamientos de discriminación con aquellos que son diferentes incluso antes de tener consciencia de nosotros mismos, sobre todo si la diferencia se puede ver. Y tener una hoja más me supuso un grave problema. Mis hermanos se metían conmigo y mis padres no quisieron llevarme a la guardería por miedo a que los demás niños viesen mi cuarta hoja y se riesen de mí. Pero la enseñanza primaria es obligatoria y, como bien mis padres habían predicho, todos mis compañeros de clase se burlaban de mi deficiencia. No fue mejor en la época de la pubertad, donde, además de ser objeto de burla, las hormonas comenzaron a evolucionar creando en mí una fuerte atracción hacia el sexo. Pero gracias a mi cuarta hoja nadie se fijaba en mí si no era para burlarse, lo que me frustraba todavía más. También me supuso un problema el acceso al mundo laboral, ya que en mi foto del currículum aparecía mi cuarta hoja, y los jefes no querían contratar a alguien con semejante discapacidad. Pero todo cambió el día que conocí a un biólogo que se asemejaba un poco a mí porque había sido el típico al que todos se refieren como rata de biblioteca, cerebrito, friki, o loco. El biólogo sintió tanta admiración por mi cuarta hoja que enseguida nos hicimos muy buenos amigos. Lo que ninguno de nosotros sabíamos era que mi cuarta hoja tenía... ¿como decirlo?.. poderes sobrenaturales... si, algo así. Bueno el caso es que desde que me conoció, el biólogo tuvo excesiva buena suerte: todos los experimentos le funcionaban a la primera incluso aunque fuesen en contra de las leyes de la física, le tocó la lotería en 5 ocasiones, comenzó a relacionarse con la gente sin que le tratasen como un rarito, etc.
Un día investigó mi cuarta hoja y entonces descubrió que yo era quien le otorgaba esa suerte, decidió entonces exponer su descubrimiento en un museo, es decir, me expuso en un museo y me sentí realmente bien, todo el mundo me admiraba, aquello que durante toda mi vida había supuesto objeto de mofa ahora parecía producir las emociones opuestas: atracción y fascinación. Al principio me sentí como alguien nuevo, contento por el cambio pero enseguida me di cuenta que la raza humana no dista mucho de la raza trébol. Intentaron comprarme infinidad de ricos, intentaron también robarme, incluso en una ocasión destruirme. Todo por mi extraño poder. Había pasado de ser el marginado a ser sólo un poder. Nada me parecía haber cambiado.. Tomé la decisión de marcharme, huir de todos, incluido mi amigo el biólogo, y pasé varios años perdido en África. Allí escuché que me buscaban por mis poderes mágicos así que decidí volver a casa, donde seguro que me cuidarían bien.
Llegamos a la estación de Valencia y el tren no se retrasó ni un minuto, nos despedimos. Bajé al metro pensando en la historia que me había contado. Pensaba que no tenía viajes disponibles en la tarjeta de metro pero al parecer la tenía llena. Justo al bajar llegó el metro que me deja a escasos metros de mi casa, casi vacío. Al parecer los poderes del trébol me habían facilitado aquel viaje.
Yo puedo verificar que el trébol existe, lo conocí hace un par de años, subí al tren regional que cojo regularmente para desplazarme desde Villena hasta Valencia ( Estación del Norte) y lo ví en el primer asiento pegado a la puerta. el Típico asiento en el que uno se sienta porque no hay más espacio en el tren, y, en efecto, el tren iba lleno, así que no tuve más remedio que colocarme en el asiento de al lado del trébol, algo que, como podéis comprender me desconcertaba bastante porque tenía cuatro hojas y además, ERA UN TRÉBOL!!
Al principio, como en toda relación de compañeros de viaje desconocidos, las frases que se dicen suelen ser referentes al tiempo, con muchos latiguillos del tipo "pues nada...", "bueno..", pero al final, sin recordar exactamente cómo, acabamos hablando sobre el pasado del trébol de cuatro hojas:
En mi familia éramos 4 hermanos, yo el tercero. Por supuesto, todos tenían sólo 3 hojas, como todos. Como puedes imaginar la genética y la evolución nos llevan a tener comportamientos de discriminación con aquellos que son diferentes incluso antes de tener consciencia de nosotros mismos, sobre todo si la diferencia se puede ver. Y tener una hoja más me supuso un grave problema. Mis hermanos se metían conmigo y mis padres no quisieron llevarme a la guardería por miedo a que los demás niños viesen mi cuarta hoja y se riesen de mí. Pero la enseñanza primaria es obligatoria y, como bien mis padres habían predicho, todos mis compañeros de clase se burlaban de mi deficiencia. No fue mejor en la época de la pubertad, donde, además de ser objeto de burla, las hormonas comenzaron a evolucionar creando en mí una fuerte atracción hacia el sexo. Pero gracias a mi cuarta hoja nadie se fijaba en mí si no era para burlarse, lo que me frustraba todavía más. También me supuso un problema el acceso al mundo laboral, ya que en mi foto del currículum aparecía mi cuarta hoja, y los jefes no querían contratar a alguien con semejante discapacidad. Pero todo cambió el día que conocí a un biólogo que se asemejaba un poco a mí porque había sido el típico al que todos se refieren como rata de biblioteca, cerebrito, friki, o loco. El biólogo sintió tanta admiración por mi cuarta hoja que enseguida nos hicimos muy buenos amigos. Lo que ninguno de nosotros sabíamos era que mi cuarta hoja tenía... ¿como decirlo?.. poderes sobrenaturales... si, algo así. Bueno el caso es que desde que me conoció, el biólogo tuvo excesiva buena suerte: todos los experimentos le funcionaban a la primera incluso aunque fuesen en contra de las leyes de la física, le tocó la lotería en 5 ocasiones, comenzó a relacionarse con la gente sin que le tratasen como un rarito, etc. Un día investigó mi cuarta hoja y entonces descubrió que yo era quien le otorgaba esa suerte, decidió entonces exponer su descubrimiento en un museo, es decir, me expuso en un museo y me sentí realmente bien, todo el mundo me admiraba, aquello que durante toda mi vida había supuesto objeto de mofa ahora parecía producir las emociones opuestas: atracción y fascinación. Al principio me sentí como alguien nuevo, contento por el cambio pero enseguida me di cuenta que la raza humana no dista mucho de la raza trébol. Intentaron comprarme infinidad de ricos, intentaron también robarme, incluso en una ocasión destruirme. Todo por mi extraño poder. Había pasado de ser el marginado a ser sólo un poder. Nada me parecía haber cambiado.. Tomé la decisión de marcharme, huir de todos, incluido mi amigo el biólogo, y pasé varios años perdido en África. Allí escuché que me buscaban por mis poderes mágicos así que decidí volver a casa, donde seguro que me cuidarían bien.
Llegamos a la estación de Valencia y el tren no se retrasó ni un minuto, nos despedimos. Bajé al metro pensando en la historia que me había contado. Pensaba que no tenía viajes disponibles en la tarjeta de metro pero al parecer la tenía llena. Justo al bajar llegó el metro que me deja a escasos metros de mi casa, casi vacío. Al parecer los poderes del trébol me habían facilitado aquel viaje.
La pereza del Sol
Un día 21 del mes de abril, el Sol se encontraba acostado durmiendo plácidamente y decidió no salir, pues estaba tan bien en su cama!!
Lo que el Sol no sabía era que su pereza acarrearía unas consecuencias catastróficas:
Los edificios que funcionaban con energía solar se quedaron sin suministro eléctrico. Las personas, llamadas por el móvil personal del temor, comenzaron a saquear tiendas y bares, fábricas y almacenes, colegios y hospitales con el objetivo de sobrevivir a un posible fin del mundo. Las plantas no podían producir oxígeno ya que si no les daba la luz solar sus células clorofílicas no podían llevar a cabo el proceso de fotosíntesis. Los girasoles acabaron con tortícolis porque no sabían donde tenían que mirar. Los mosquitos acabaron exhaustos porque seguían volando pensando que la noche no había acabado. Los animales de sangre fría buscaban calor y se dirigían hacia los volcanes para encontrarlo allí. Los animales de sangre caliente emigraban para buscar el día.
Cuando el Sol se levantó se encontró con todo el escándalo que se había armado por sus egoístas ganas de dormir, y decidió nunca jamás volver a ser perezoso.
Lo que el Sol no sabía era que su pereza acarrearía unas consecuencias catastróficas:
Los edificios que funcionaban con energía solar se quedaron sin suministro eléctrico. Las personas, llamadas por el móvil personal del temor, comenzaron a saquear tiendas y bares, fábricas y almacenes, colegios y hospitales con el objetivo de sobrevivir a un posible fin del mundo. Las plantas no podían producir oxígeno ya que si no les daba la luz solar sus células clorofílicas no podían llevar a cabo el proceso de fotosíntesis. Los girasoles acabaron con tortícolis porque no sabían donde tenían que mirar. Los mosquitos acabaron exhaustos porque seguían volando pensando que la noche no había acabado. Los animales de sangre fría buscaban calor y se dirigían hacia los volcanes para encontrarlo allí. Los animales de sangre caliente emigraban para buscar el día.
Cuando el Sol se levantó se encontró con todo el escándalo que se había armado por sus egoístas ganas de dormir, y decidió nunca jamás volver a ser perezoso.
martes, 29 de noviembre de 2011
Una pequeña historia de la memoria
¿Alguna vez has comenzado a dejar de pensar en una persona?, ¿Alguna vez has dejado de pensar en ella hasta conseguir el absoluto olvido en tu memoria?, ¿Has llegado alguna vez a eliminar de tu mente su completa existencia?.
Y, de repente, un día que piensas en otra cosa totalmente diferente, en algo recurrente dentro de tus pensamientos, esa persona vuelve a tu cabeza con total vividez, como si fuese ayer cuando la viste por última vez, recuerdas su voz, recuerdas su cara, su cuerpo, su ropa, su olor, sus gestos. Recuerdas absolutamente todo sobre ella.
Pasas el día sin darle mucha importancia, sólo los recuerdos influyen en ti sacándote alguna sonrisa por aquellos momentos que habías olvidado y, esa misma tarde, mientras vas camino de casa a un paso rápido pero prudente, levantas la mirada, prestas atención al ambiente que te envuelve, los árboles, las calles, los pájaros, los coches, las personas... ¡Las personas!¡Ella!, la persona que no recordabas hasta apenas 3 horas antes, la misma que te perseguía durante esas 3 horas en tus pensamientos y que no habías visto en lo que a ti te parecen milenios, está enfrente de ti.
La saludas, un saludo distante, no la conocías lo suficientemente bien como para pararte y hablar sobre ese tiempo que habéis estado sin veros, de no ser así no habría caído en el oscuro cajón del olvido. Ella te devuelve el saludo, seguís andando cada uno hacia vuestro destino y es en ese momento cuando tu alma entra en pánico, ¿Cómo es posible? ¿Por qué ahora?
Quizás sabías que la encontrarías, quizás sólo se trate de una casualidad, quizás el destino está realmente escrito y sabemos lo que vamos a vivir desde que nacemos, quizás no, quizás tus pensamientos hayan atraído a la otra persona a encontrarse contigo. Es en este tipo de situaciones cuando nos agarramos de nuevo a lo único que nos queda sólido: el oscuro cajón del olvido; olvidamos esa persona, esa situación, esa casualidad. Dejamos que el tiempo actúe con la firmeza que lo hace, vivimos.
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